Qué dicha que seas mi madre…
Hacerse amar por sus propias cualidades, sin recurrir a filtros ni talismanes, es el summum (grado máximo) de la dicha; es un arte ideal que todo el mundo quisiera poseer. Hoy que no estás y saber lo querida que fuiste no sólo por mí, sino por todas las personas a las que impactaste en su vida, es como un sedante moral para el alma adolorida, un opio ideal que proporciona aquel éxtasis que reduce la vida a un sólo punto: […]
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