Por: Marco Aurelio Tapia Figueroa Durante años, trabajar largas jornadas fue visto como sinónimo de compromiso y éxito. Llegar temprano, salir tarde y vivir con poco tiempo libre, se convirtió en la rutina de millones de personas en México. Sin embargo, ese modelo está cambiando. En abril de 2026, se aprobó una reforma laboral que transformará gradualmente la forma en que trabajamos: la jornada semanal se reducirá de 48 a 40 horas. Más que un ajuste técnico, se trata de una decisión que impacta directamente en la vida diaria, el bienestar y el equilibrio entre trabajo y vida personal. Un cambio que no será de un día para otro La reducción no ocurrirá de forma inmediata. Para permitir que tanto empresas como trabajadores se adapten, el cambio se implementará de manera progresiva: – 2026: 48 horas – 2027: 46 horas – 2028: 44 horas – 2029: 42 horas – 2030: 40 horas Esto significa que, año con año, la carga laboral disminuirá poco a poco hasta alcanzar el nuevo estándar. Trabajar menos… ¿ganar menos? Una de las principales preocupaciones es el salario. La respuesta es clara: no debe disminuir. La reforma busca que las personas trabajen menos horas, pero mantengan su ingreso. El objetivo no es afectar la economía de los trabajadores, sino mejorar su calidad de vida sin sacrificar estabilidad financiera. ¿Por qué reducir la jornada? México ha sido, durante mucho tiempo, uno de los países donde más horas se trabaja al año. Sin embargo, eso no necesariamente se traduce en mayor productividad. Cada vez hay más evidencia de que jornadas más cortas pueden generar mejores resultados: personas menos cansadas, más enfocadas y con mayor motivación. Además, permite algo que muchas veces se deja de lado: tiempo para la familia, el descanso y la vida personal. El reto para las empresas. Este cambio también representa un desafío importante para