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¿Sufres
de onicofagia?

POR: LIC. CARIME KURI FIERROS

Onicofagia, significa, “comerse las uñas”. Es un hábito compulsivo que tienen algunas personas de comerse las uñas. Actividad poco grata para quien la padece. Esta condición se atribuye a quienes tienen alterado el Sistema Nervioso y, por respuesta, sufren de estrés y de ansiedad, ignorando las emociones que están generando y alimentando tales emociones. Si tú eres adulto y continúas con esta práctica o tienes hijos que la lleven a cabo, esta información podría ser útil para darle solución a este desagradable problema.

Varios estudiosos aseguran que es más frecuente entre las mujeres y, que es en la pubertad, cuando surge con mayor fuerza. Su origen primario, se establece en el periodo de amamantamiento, si éste fue demasiado corto o, en el tiempo de exploración oral, si el menor fue muy controlado en cuanto a lo que se llevaba a la boca. Esta acción, se refuerza en la adolescencia, experimentando, no sólo morderse las uñas, sino también, morder el lápiz, el bolígrafo o experimentar con el cigarro. Se inicia como un hábito compulsivo que genera una serie de problemas físicos, como deformidad en los dientes, en las uñas, daño en la cutícula, infecciones por bacterias, achatamiento de los dedos y, en casos extremos, pérdida total de la uña. Quienes padecen de este mal hábito, coinciden en que no les es fácil dejar de hacerlo, por lo que se genera un círculo vicioso.

Motivos:

-Se le atribuye a momentos de estrés y ansiedad.

-Cuando la persona se encuentra obsesiva y, compulsivamente, se lleva los dedos a la boca.

-Repentinamente, encontrarse en eventos no pensados como accidentes, duelos, enfrentamientos o al recibir malas noticias simplemente.

-Personas que lidian constantemente con la frustración por no lograr los objetivos deseados o no llenar las expectativas de los padres, llenándose de rabia, odio y enojo.

-Personas con demasiada timidez, auto autoestima baja, nerviosas y con tendencias a la preocupación constante.

Emoción:

En la biodecodificación, se atribuye esta acción, a la falta de uno de los padres en el desarrollo y crecimiento del hijo. El exceso de presión de la madre por tener un hijo o hija “excelente”, alejada de lo imperfecto y formando parte de lo perfecto. Al no cumplir con esas expectativas, la frustración genera enojo y detrás de éste está el miedo. El medio ambiente, donde se desenvuelve, es muy posible que sólo genere inestabilidad e inseguridad.

¿Cómo eliminar este hábito?:

La terapia psicológica ayudaría al paciente a ir al fondo de sus emociones para trabajar el miedo que alimenta este hábito. Además, la terapia floral, ofrece fórmulas personalizadas para poder sanar y liberar emociones que cubren, como capas de cebolla, al miedo, haciéndose confuso el origen de dicho hábito obsesivo.

Pero, para erradicar completamente esta acción, es muy importante que todos los miembros del grupo familiar reconozcan la presión que ejercen sobre el menor, pretendiendo que éste se convierta en adulto joven. Hay padres que omiten las palabras y acciones del hijo a cambio de las suyas, dejar de exigirle lo que su frustración les recuerda, permitirles lidiar con sus pequeños fracasos y resaltar su capacidad para obtener sus pequeños logros. Reducir la presión eliminando las exigencias de ser el mejor de la clase y, sobre todo, evitar las comparaciones.

Al integrar esta nueva dinámica, el adolescente retomará la seguridad en sí mismo, recuperará su autoestima, reducirá el estrés y la ansiedad, desapareciendo el miedo que lo alimentaba. La frustración dejará de lastimar y aparecerán nuevas lecciones para reforzar su personalidad que serán herramientas para librar sus batallas.

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