Mis hijos, mis mascotas 

Por: Carime Kuri Fierros 

Desde el punto de vista de la tanatología, el fenómeno de las parejas que tienen mascotas en lugar de hijos suele analizarse de manera amplia, sin asumir que existe una sola causa o significado. Entendiendo que la tanatología estudia los procesos de pérdida, apego, duelo, sentido de vida y adaptación a los cambios. Desde esta perspectiva, una mascota puede ocupar distintos lugares emocionales en la vida de una pareja: 

Fuente de apego y vínculos afectivos: las mascotas generan relaciones de cuidado, responsabilidad y afecto profundo. Para algunas parejas, la mascota satisface necesidades de compañía, protección y pertenencia, similares a las que otras personas encuentran en la crianza de los hijos. 

Elección consciente de proyectos de vida: no todas las parejas desean ser padres. Desde la tanatología contemporánea, esta decisión no se considera necesariamente una carencia o un problema psicológico. La mascota puede formar parte de un proyecto vital diferente, centrado en otros objetivos personales, profesionales o de pareja.  

Sustitución simbólica en algunos casos: en determinadas circunstancias, una mascota puede representar simbólicamente a un hijo que no se tuvo, ya sea por infertilidad, pérdida gestacional, fallecimiento de un hijo o renuncia involuntaria a la maternidad o paternidad. La tanatología presenta atención, así existe un duelo no elaborado detrás de esta dinámica. 

Experiencia anticipada de pérdida: las mascotas tienen una esperanza de vida más corta que la humana, por lo que los dueños suelen enfrentar la enfermedad, envejecimiento y muerte de sus animales. El duelo por una mascota puede ser tan intenso como otros duelos significativos y es un tema reconocido dentro de la tanatología. 

Construcción de significado: la pregunta central para un tanatólogo no suele ser “¿por qué eligieron una mascota en vez de hijos?”, sino “¿qué significado tiene ese vínculo para estas personas?” 

Se exploran aspectos como identidad, propósitos, amor, cuidado, pérdidas previas y expectativas de vida. En la práctica, la tanatología busca comprender qué necesidades emocionales, valores y experiencias están presentes en esta elección y cómo contribuyen al bienestar o al sufrimiento de las personas involucradas. 

Es importante distinguir entre una elección libre y satisfactoria de no tener hijos y una situación en la que la mascota está cubriendo el dolor de una pérdida o un duelo no resuelto. En el primer caso se trata simplemente de una forma legítima de vivir la vida en pareja, en el segundo se enfocaría en acompañar la elaboración de ese duelo. 

Caso real: me consulta una mujer de 42 años, madre de dos niñas y casada por segunda vez. Ella no comprendía porque no dejaba de llorar cuatro meses después de la muerte inesperada de su mascota. Estaba enfocada en el hecho de la separación de su pareja a raíz de la muerte de la perrita. Bañada en lágrimas me comenta que no tenía la fuerza para regalar la ropita, collares y trastes que ella utilizaba. Su llanto y sus palabras me llevaron a comprender que esta pérdida cubría una pérdida anterior, por deducción era la pérdida posible de un hijo, le pregunté si en el pasado había enfrentado un aborto o pérdida de un hijo, inmediatamente contestó que el embarazo tercero no había llegado a término y se perdió. La perrita se la regalaron cuatro meses después, durante el duelo, el cual se interrumpe cuando ella desborda la atención, cuidado y amor que no pudo darla a ese bebé, en la mascota. 

Mientras me escucha, cesó el llanto y su postura cambió radicalmente, ella pudo comprender que este dolor estaba liberando el del pasado. La terapia fluyó satisfactoriamente.   

  • Lic. Carime Kuri Fierros

carimetanatologia@gmail.com

Tel: 951 128 35 14

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *