La soberanía no basta 

Por: Elizabeth Castro  

En el discurso el término “soberanía” puede sonar valiente, aleccionador, funcionar como defensa, o incluso como llamado. Sin embargo, cuando se utiliza de manera reiterada, corre el riesgo de generar suspicacias, respuestas ambiguas y pensamientos incómodos.  

Desde que la acusación de Estados Unidos en contra de Rubén Rocha Moya se dio a conocer Claudia Sheinbaum ha recurrido con frecuencia a este concepto. La presidenta ha insistido en exigir pruebas y demandar respeto para el país, como si las críticas dirigidas a un actor político fueran, necesariamente, agravios contra el país. 

El escándalo de Maru Campos pareció ofrecer una salida al gobierno mexicano para cambiar el foco de atención, pero no somos personas de poca memoria, y por eso ni la prensa, ni la sociedad ha quitado el dedo del renglón. A pesar de los intentos por defender lo indefendible, el caso de Rocha Moya ha alcanzado proporciones mayúsculas; trayendo consigo cuestionamientos sobre la detención del Mayo Zambada, la relación del gobierno de Sinaloa con los cárteles del narcotráfico yy el asesinato de Héctor Melesio Cuén Ojeda, rival político del hoy gobernador con licencia de Sinaloa. 

La relación entre ambos personajes estuvo marcada en sus últimos años por la incordia, días antes de ser asesinado Cuén Ojeda acusó públicamente a Rubén Rocha de corrupción, señaló actos de enriquecimiento indebido y la participación de familiares del mandatario en licitaciones del gobierno.  

Y aunque, la FGR ha rechazado públicamente que el caso del asesinato haya sido cerrado, la falta de respuestas y el paso del tiempo, alimentan la percepción de que no existe un interés real por esclarecer los hechos.  

A pesar de que la presidenta ha insistido en que se debe respetar la presunción de inocencia, el uso de la conferencia mañanera como espacio para la defensa, no ha hecho sino complicar los esfuerzos del gobierno para sostener la narrativa de que gracias a la 4T, México vive en paz.  

En un momento en que la renegociación del tratado de libre comercio con América del Norte y la Copa Mundial de Futbol colocan a nuestro país najo los reflectores internacionales, la respuesta de la mandataria y sus aliados sigue siendo endeble. No se trata solo del respeto a la presunción de inocencia, sino de que las instituciones han sido incapaces de iniciar un proceso de investigación creíble, transparente y capaz de disipar las dudas acerca de los favoritismos y la corrupción.  

Si el estado mexicano no puede ofrecer respuestas concretas y certidumbre sobre los procesos de justicia, es inevitable preguntarnos cuánta confianza se puede generar hacia el exterior y entre sus socios comerciales.  

La reciente visita de Donald Trump a China, dejó claro que el mapa de las alianzas políticas y económicas se está reconfigurando. En este contexto, la pregunta es ¿qué papel quiere jugar México? ¿El de un socio confiable o el de un país dispuesto a tolerar y solapar la corrupción cuando involucra a personas cercanas a López Obrador?  

  • Elizabeth Castro

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