Educación y competitividad: la alianza que Oaxaca necesita 

Por: Alejandro L. Cruz Macías, Presidente COPARMEX Oaxaca 

¿Qué le diríamos hoy a una niña de primaria y a un abuelo que ha trabajado toda su vida por Oaxaca? Tal vez la misma frase: la escuela abierta, la calle libre y el trabajo digno son caminos distintos hacia un mismo futuro. En COPARMEX Oaxaca vemos el 2026 como un año para levantar la mirada. Nuestro Estado tiene una fuerza que no cabe en una estadística: sus comunidades, su cultura, sus jóvenes, sus maestras y maestros, su turismo. Pero Oaxaca no aprovechará su potencial si la educación se interrumpe, la economía se paraliza y nuestras niñas, niños y jóvenes pierden días valiosos de aprendizaje. 

El Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO) recuerda algo sencillo: los Estados no avanzan solos, competimos como región. Si a Oaxaca le va bien, se fortalecen sus vecinos; si nos rezagamos, se debilita el sur. Y los números obligan a la honestidad: en el Índice de Competitividad Estatal 2025 del IMCO, Oaxaca se ubicó en el lugar 30 de 32 entidades, con la inversión extranjera y el grado de escolaridad entre sus mayores rezagos. No basta tener ubicación y ganas, necesitamos condiciones para que las empresas lleguen, se queden y paguen mejor. 

Ahí la educación se vuelve la llave principal. Una escuela es como una milpa: si se cuida todos los días, da fruto; si se abandona, la cosecha se pierde. Cuando un estudiante aprende a leer mejor, a resolver problemas y a usar tecnología, Oaxaca gana competitividad; cuando una joven se capacita, una empresa crece; cuando un niño no pierde clases, una familia conserva esperanza. Y aquí los datos duelen: según el INEGI, el rezago educativo en Oaxaca creció de 29.1% a 30.5% entre 2022 y 2024, un millón 302 mil personas de los cerca de 4.3 millones del estado, y el grado promedio de escolaridad apenas llega a 8.1 años, poco más de segundo de secundaria (Censo 2020). 

Defender la educación no significa oponerse a los derechos de nadie. Los derechos laborales, el de aprender, el de trabajar y el de transitar, deben cuidarse juntos, y los conflictos resolverse con diálogo y acuerdos, sin afectar a estudiantes, familias, comercios y comunidades que viven del turismo. 

La agenda debe ser clara: impulsar una alianza por el talento oaxaqueño. Proponemos que empresas, escuelas, universidades y gobierno construyamos rutas concretas de formación para el trabajo: lectura, matemáticas prácticas, habilidades digitales, inglés básico, oficios técnicos y emprendimiento. No como cursos aislados, sino como puentes reales entre el aula y el empleo. 

Oaxaca puede ser un ejemplo nacional si convierte su riqueza cultural en oportunidades: jóvenes que amen su tierra y tengan herramientas para el turismo, el corredor interoceánico, la agroindustria y las energías limpias. La invitación es concreta: adoptemos una escuela, impulsemos becas, abramos prácticas y mentorías, y defendamos que cada día de clases cuente.  

La competitividad no empieza en una oficina, empieza cuando una niña llega a tiempo a su salón y encuentra un maestro, un cuaderno abierto y una comunidad decidida a no rendirse. De cara al futuro, la tendencia puede cambiar: a nivel nacional, la proporción de jóvenes sin bachillerato concluido bajó de 37% a 34% entre 2022 y 2024 (INEGI). Si Oaxaca convierte ese mismo empeño en política constante cada día de clases, cada beca, cada práctica, el rezago que hoy nos duele puede ser, en pocos años, la historia que dejamos atrás. “Oaxaca tiene futuro si lo construimos juntos, empezando hoy” 

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