Del paso al arraigo: Oaxaca no puede dejar pasar su oportunidad 

Por: Mtro. Alejandro Luis Cruz Macías 
Presidente de COPARMEX Oaxaca 

El Corredor Interoceánico puede convertir a Oaxaca en plataforma de desarrollo o en simple ruta de traslado. La diferencia no la marcará el discurso, sino el Estado de derecho, la competitividad local y la capacidad de nuestras empresas para integrarse a la cadena de valor. 

En COPARMEX Oaxaca hemos dicho con claridad que 2026 debe ser el año de la consolidación institucional. Nuestros ejes —educación, economía social, salud y responsabilidad social— sólo tienen sentido si desembocan en algo concreto: mejores condiciones para invertir, producir y generar empleo formal. Hoy el reto mayor tiene nombre propio: evitar que Oaxaca sea sólo la puerta de entrada y salida del Corredor Interoceánico del Istmo de Tehuantepec, pero no el territorio donde se quede el valor, el talento y la prosperidad. 

El riesgo es real. El Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO) ubicó a Oaxaca en la posición 30 de 32 en el Índice de Competitividad Estatal 2025. Eso significa que partimos de una desventaja estructural para atraer y retener inversión. No basta con tener una obra estratégica si alrededor de ella persisten baja productividad, alta informalidad, debilidad institucional y condiciones poco favorables para hacer empresa. Un corredor logístico sin competitividad regional puede mover mercancías, sí; pero difícilmente detona arraigo económico. 

A ello se suma un hecho que en Oaxaca conocemos bien: la carretera al Istmo no está funcionando con la confiabilidad que una plataforma logística exige. La autopista Mitla–Tehuantepec sufrió en 2025 el colapso y derrumbe en el túnel conocido como El Tornillo incluso, en febrero de 2026, el propio Congreso de Oaxaca seguía refiriéndose al tramo afectado como un problema vigente. Una ruta estratégica no puede depender de soluciones emergentes ni operar bajo la lógica de la contingencia. Para la cadena de suministro, la conectividad no es sólo existencia física de la vía: es disponibilidad, continuidad, seguridad y tiempos previsibles. 

Tampoco podemos ignorar la seguridad. En diciembre de 2025, el 75.8% de la población urbana de Oaxaca consideró inseguro vivir en la ciudad, según la Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana (ENSU) del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI); y a nivel estatal, la Encuesta Nacional de Victimización y Percepción sobre Seguridad Pública (ENVIPE) 2025 reportó que el 70.9% de la población percibe inseguridad en la entidad. Ningún inversionista serio separa la logística del entorno. Cuando una empresa evalúa dónde instalar un centro de distribución, una planta, un patio de maniobras o un nodo de proveeduría, revisa costos, pero también riesgo operativo, protección patrimonial y capacidad institucional. 

Por eso debemos hablar sin rodeos del Estado de derecho. La inversión no florece donde las reglas cambian sin claridad, donde la propiedad genera dudas o donde la autoridad tarda demasiado en resolver. La Constitución y la Ley de Expropiación establecen que toda expropiación debe justificarse por causa de utilidad pública y acompañarse de indemnización. Sin embargo, el debate reciente sobre iniciativas federales vinculadas a proyectos estratégicos y a mecanismos de ocupación o expropiación ha encendido alertas legítimas. Aunque se invoque el interés público, cualquier señal que debilite la certidumbre sobre la propiedad, frena decisiones de inversión, encarece el capital y hace que los proyectos se pospongan. 

Lo mismo ocurre con los trámites. Si el propio gobierno estatal reconoce en sus diagnósticos 2026 que los municipios deben optimizar trámites administrativos y empresariales, y si los planes municipales siguen proponiendo ventanillas únicas como meta pendiente, entonces el mensaje es claro: todavía no hemos resuelto un cuello de botella básico. En Oaxaca abrir, construir, regularizar, licenciar o conectar un proyecto sigue implicando tiempos, criterios y costos que muchas veces dependen más de la ventanilla que de la norma. Así no se construye competitividad. 

Nuestra postura es firme pero constructiva. El Corredor debe traducirse en contenido local, no sólo en tránsito. Las licitaciones, compras y proyectos vinculados al CIIT tienen que incorporar a las MiPyMES oaxaqueñas con reglas claras de participación, financiamiento, capacitación y cumplimiento. Y desde una visión de integración de cadenas de suministro, Oaxaca debe formar clústeres de valor en las regiones que alimenten logísticamente al Istmo: agroindustria, alimentos, empaque, manufactura ligera, servicios de mantenimiento, almacenamiento, tecnologías de trazabilidad y transporte especializado. Eso es arraigo productivo. 

Oaxaca no necesita discursos triunfalistas. Necesita certeza jurídica, seguridad, infraestructura confiable y simplificación real. No buscamos sólo ser testigos del progreso, sino los arquitectos del desarrollo oaxaqueño. Crecer sin dejar a nadie atrás requiere voluntad política, pero, sobre todo, certeza para invertir. 

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