Cocodrilos entre nosotros o nosotros entre los cocodrilos 

Por: Romina Silva Espejo  

En los últimos meses, imágenes de cocodrilos en playas, calles y otros sitios cercanos a zonas urbanas han circulado ampliamente en redes sociales, acompañadas, desafortunadamente, de comentarios negativos. Para muchas personas, encontrarse con uno provoca miedo, y no es difícil entender por qué. Aunque los encuentros peligrosos no son la norma, los cocodrilos son grandes depredadores y pueden representar un riesgo real para las personas; sin embargo, esto no justifica la mala fama que suelen tener. 

Nuestro país es hogar de tres especies: el cocodrilo de pantano (Crocodylus moreletii), el cocodrilo americano o de río (Crocodylus acutus) y el caimán (Caiman crocodilus). Habitan principalmente en ríos, lagunas, pantanos, manglares y otros humedales, ecosistemas que también han sido transformados por el crecimiento de ciudades, carreteras, actividades turísticas y otras formas de desarrollo. Por ello, las tres especies se encuentran incluidas bajo protección especial en la NOM-059-SEMARNAT-2010. 

La transformación de sus hábitats aumenta las oportunidades de encuentro entre personas y cocodrilos. Un ejemplo es la Laguna del Carpintero, en Tampico, Tamaulipas, un humedal urbano donde habita el cocodrilo de pantano. Un estudio publicado en 2026 por Cedillo-Leal y colaboradores señala que entre 2008 y 2022 se registraron 12 interacciones entre humanos y cocodrilos, cinco de ellas mortales. Los investigadores señalan que la transformación del entorno y el desarrollo de infraestructura alrededor de la laguna han contribuido a incrementar el contacto entre ambos, siendo las personas en situación de calle particularmente vulnerables. 

Pero no todos los encuentros son consecuencia de una transformación permanente del hábitat. Las lluvias intensas y las inundaciones también pueden modificar temporalmente los lugares donde se desplazan estos animales. En 2025, por ejemplo, autoridades ambientales reubicaron 99 cocodrilos que habían llegado a zonas urbanas de Tamaulipas, Tabasco, Veracruz y el Estado de México después de eventos de inundación. 

Esto nos recuerda que un cocodrilo que aparece en una ciudad no está invadiendo nuestro espacio, está respondiendo a cambios en su ambiente. Sin embargo, tampoco debemos acercarnos a ellos: alimentarlos, tocarlos o capturarlos puede poner en riesgo tanto a las personas como a los propios animales.  

Entonces, ¿qué podemos hacer? ¡La respuesta no está en eliminar a los cocodrilos! Ante un encuentro, lo más seguro es mantener la distancia y permitir que las autoridades o personal capacitado se encarguen de la situación. Asimismo, la conservación de los humedales, la señalización de zonas de riesgo y la educación ambiental pueden ayudar a reducir los conflictos. También es importante identificar a las poblaciones con mayor exposición y desarrollar medidas de prevención, especialmente para personas en situación de calle. Un ejemplo es el Comité Regional de Coexistencia Humano-Cocodrilos, establecido en septiembre de 2026. 

Los cocodrilos no son animales domésticos y debemos respetar la distancia que necesitan, pero tampoco son intrusos que aparecieron de repente en nuestro paisaje. Forman parte de estos ecosistemas desde mucho antes de que existieran nuestras ciudades y carreteras. 

La próxima vez que veamos un cocodrilo en una fotografía viral y nos preguntemos ¿qué hace un cocodrilo en medio de una ciudad?, quizá la pregunta debería ser otra: ¿qué hacemos nosotros en medio de su hábitat? 

  • Romina Silva Espejo
  • @romissilva

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