Verde y vivo: el musgo navideño  

Por: Romina Silva Espejo  

Diciembre llega y con él, las fiestas comienzan a florecer, las calles se llenan de luces, adornos y música, las noches se vuelven largas y frías y de pronto, en plena ciudad, un suave olor a bosque aparece como un recordatorio de que la temporada ha comenzado. El origen de este aroma es evidente: basta pasear por los mercados o asomarse a algunas casas para encontrar la causa. 

Ahí, entre puestos de temporada y mesas improvisadas, se apilan montoncitos de musgo fresco, verde y esponjoso. Cada año, este pequeño habitante del bosque viaja desde las montañas oaxaqueñas hasta los nacimientos y decoraciones que enmarcan el mes de diciembre. Sin embargo, detrás de su apariencia sencilla y su aroma tan familiar, el musgo esconde una historia mucho más compleja: la de organismos antiguos, delicados y fundamentales para la salud de los bosques que nos rodean. 

Primero que nada, el llamado musgo navideño no pertenece a una sola especie. Lo que solemos ver en los mercados es una mezcla de varias briófitas (plantas sin sistema vascular) como musgos y hepáticas. Incluso entre los puñitos verdes también pueden colarse algunos líquenes y, en ocasiones, pequeñas plantas vasculares como bromelias juveniles que crecen entre ellos en el bosque.  

Estas especies son especialmente abundantes en los bosques nublados y templados de las sierras oaxaqueñas, donde cumplen funciones ecológicas esenciales. Actúan como esponjas naturales, almacenando agua y humedad, evitan la erosión al proteger el suelo desnudo, y sirven de hogar para diminutas formas de vida, como tardígrados, ácaros y otros pequeños invertebrados. Además, crean un microhábitat ideal para la germinación de semillas y el establecimiento de nuevas plantas. Por todo esto, los musgos y otras briófitas se consideran indicadores de la salud de un bosque. 

Sin embargo, al formar parte de los adornos y tradiciones decembrinas en Oaxaca, su extracción intensiva durante los últimos meses del año puede afectar seriamente a sus poblaciones. El musgo y especies relacionadas crecen muy lentamente, y al retirar grandes cantidades del bosque, se elimina esta capa protectora que retiene humedad, alimenta la capa orgánica y sostiene a otros organismos, dejando a los bosques en una situación más vulnerable. 

Por esta razón, cuidar del musgo es, en realidad, cuidar de los bosques que hacen posible la vida en Oaxaca. Nuestras tradiciones pueden seguir floreciendo sin poner en riesgo a estos pequeños pero indispensables habitantes del bosque. Elegir alternativas sostenibles, reutilizar el musgo de años anteriores o apoyar prácticas de recolección responsable, son pequeñas acciones que, sumadas, pueden marcar una gran diferencia.  

En esta temporada de luz y celebración, mirar de dónde vienen nuestros adornos es también una forma de honrar la vida que nos rodea y de mantener vivas tanto nuestras fiestas como los bosques que las inspiran. 

  • Romina Silva Espejo

Instagram: @romissilva

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