Mariana Benítez, liderazgo con raíz  

Hablar con Mariana Benítez es acercarse a una visión del servicio público profundamente humana, construida desde la escucha, la sensibilidad y el compromiso con Oaxaca. A lo largo de su trayectoria, ha ocupado distintos espacios institucionales que le han permitido conocer de cerca las necesidades, los retos y la fuerza de las comunidades oaxaqueñas. En esta entrevista, comparte los aprendizajes que han guiado su camino, las causas que la inspiran y el sueño que mantiene vivo para las mujeres, las familias y las nuevas generaciones de Oaxaca.

Socialmente: Mariana, a lo largo de tu trayectoria has ocupado distintos espacios como funcionaria pública ¿qué aprendizajes te han dejado estos caminos al servicio de Oaxaca? 

Mariana Benítez: Creo que el mayor aprendizaje ha sido entender que el servicio público es profundamente humano. Uno puede estudiar mucho, prepararse y conocer las leyes, pero hay cosas que sólo se aprenden cuando escuchas a una madre preocupada por sus hijos, a una joven que quiere salir adelante o a una comunidad que te abre las puertas de su casa. Oaxaca me ha enseñado que servir no es hablar más fuerte, sino escuchar mejor. 

S: Cuando piensas en tu labor pública, ¿cuál dirías que es el propósito que más guía tu trabajo día a día? 

MB: Servir. Creo profundamente que la política debe servir para mejorar la vida de las personas. A veces hablamos de leyes, presupuestos o reformas, pero detrás de todo eso siempre hay una familia que espera vivir mejor, una mujer que busca justicia o una niña que merece más oportunidades. 
 
Me inspira mucho una idea que la presidenta Claudia Sheinbaum ha repetido en distintos momentos: el poder sólo tiene sentido cuando se pone al servicio de los demás. Esa visión coincide plenamente con la forma en la que entiendo el servicio público. Más allá de cualquier cargo, lo importante es dejar una huella positiva en la vida de las personas. 

S: Oaxaca es un estado con muchas voces, regiones y realidades ¿cómo se construye una agenda que escuche y represente esa diversidad? 

MB: Con escucha activa, con empatía y con humildad. Oaxaca no cabe en una sola visión. Cada región tiene su identidad, sus retos y sus fortalezas. Yo procuro caminar, regresar, escuchar y entender antes de opinar. Las mejores ideas casi siempre nacen de las conversaciones con la gente y no de una oficina. 

S: En tu trabajo a favor de las mujeres, ¿qué historias o encuentros te han recordado la importancia de seguir abriendo caminos? 

MB: He conocido mujeres extraordinarias. Mujeres que han sobrevivido a la violencia, que levantan solas a sus familias, emprendedoras, artesanas, servidoras públicas, maestras y campesinas. Muchas veces ellas mismas no son conscientes de la fuerza que tienen. Cuando una mujer me dice: “gracias porque ahora sé que no estoy sola”, recuerdo exactamente por qué decidí dedicarme a esto. 

S: ¿Qué significa para ti acompañar e impulsar a las mujeres desde la función pública? 

MB: Significa abrir puertas, pero también asegurarme de que nadie vuelva a cerrarlas. Creo profundamente en que las mujeres no necesitamos que alguien nos regale espacios; necesitamos condiciones justas para demostrar de lo que somos capaces. 

S: Hoy se habla mucho del liderazgo femenino, desde tu experiencia, ¿qué cualidades debe tener un liderazgo que inspire y transforme? 

MB: Autenticidad. Las mujeres ya no tenemos que parecernos a nadie para liderar. Podemos ser firmes sin dejar de ser sensibles; tomar decisiones difíciles, sin perder la empatía y construir desde el diálogo. El liderazgo que más admiro es el que hace crecer a otras personas. 

S: ¿Qué avances consideras importantes en la participación de las mujeres dentro de la vida pública y social de Oaxaca? 

MB: Hoy vemos mujeres ocupando espacios que hace apenas unos años parecían impensables. El hecho de que tengamos en México a la primera Presidenta dirigiendo los destinos del país es un avance inigualable. Pero el cambio más importante no está sólo en los cargos; está en la mentalidad de las niñas que hoy crecen sabiendo que también pueden ser presidentas municipales, científicas, empresarias o gobernadoras, y el cambio está también en las nuevas generaciones de niños que están formándose bajo la idea de que las mujeres, al igual que los hombres, podemos ser lo que queremos ser. 

S: ¿Qué temas relacionados con las mujeres te gustaría que tuvieran más visibilidad y conversación en la agenda pública? 

MB: Me gustaría que habláramos mucho más del sistema de cuidados. Durante años las mujeres hemos sostenido silenciosamente a las familias y a la economía. También quisiera que habláramos más de salud mental, de autonomía económica y de cómo construir relaciones libres de violencia desde la infancia. 

S: Para muchas mujeres jóvenes, ver a otras mujeres ocupar espacios de decisión puede ser una inspiración. ¿Qué mensaje te gustaría compartirles? 

MB: Que no esperen el momento perfecto porque nunca llega. Que estudien, que trabajen, que se preparen muchísimo, pero que también se atrevan. Muchas veces somos nosotras mismas quienes dudamos de nuestras capacidades. Yo quiero que sepan que sí se puede. 

S: ¿Cómo se mantiene la cercanía con la gente cuando se trabaja desde espacios institucionales? 

MB: No dejando de caminar. Yo disfruto muchísimo volver al territorio, recorrer colonias, mercados, comunidades y sentarme a escuchar. Esas conversaciones son las que me mantienen conectada con la realidad y con el enorme privilegio que significa representar a mi estado. 

S: ¿Qué papel juega la sensibilidad en la toma de decisiones públicas? 

MB: Hoy respondería esta pregunta de una manera muy distinta a como lo habría hecho hace algunos años. 
 
El último año de mi vida me enseñó que todos estamos librando alguna batalla que muchas veces los demás no conocen. Esa experiencia me hizo valorar el tiempo, la salud, mi familia, mis hijos y las personas que estuvieron a mi lado. También me hizo entender que la fortaleza no consiste en nunca caer, sino en levantarte con una mirada distinta. 
 
Por eso creo que la sensibilidad no es una debilidad, es una enorme fortaleza para quien toma decisiones públicas. Cuando no pierdes la capacidad de ponerte en el lugar del otro, legislas mejor, escuchas mejor y sirves mejor. 

S: Si pudieras describir a las mujeres de Oaxaca en tres palabras, ¿cuáles serían y por qué? 

MB: Fuertes, porque enfrentan enormes desafíos todos los días; creativas, porque transforman lo que tienen en oportunidades; y generosas, porque pocas personas saben construir comunidad como las mujeres oaxaqueñas. 

S: ¿Qué proyectos, causas o acciones te entusiasman, especialmente por el impacto que pueden tener en Oaxaca? 

MB: Me entusiasma contribuir a que Oaxaca aproveche este momento histórico que vive el país. La visión de desarrollo impulsada por la Presidenta Claudia Sheinbaum, con proyectos estratégicos para el sur-sureste y un fuerte compromiso con la igualdad entre mujeres y hombres, representa una oportunidad muy importante para nuestro estado. 
 
Desde la Cámara de Diputadas y Diputados quiero seguir impulsando causas que me apasionan: fortalecer el acceso de las mujeres a la justicia, consolidar una legislación que las proteja frente a todas las formas de violencia, apoyar a las emprendedoras y generar más oportunidades para las juventudes. 
 
Sueño con un Oaxaca que conserve su enorme riqueza cultural, pero que también sea un estado donde el talento encuentre oportunidades sin tener que irse lejos para realizarlas. 

S: En lo personal, ¿qué te ha enseñado Oaxaca sobre la fuerza, la comunidad y la esperanza? 

MB: Que nadie sale adelante solo. Oaxaca tiene una enorme cultura de comunidad. Aquí aprendemos desde pequeños que siempre hay alguien dispuesto a tender la mano. Esa forma de entender la vida me ha acompañado siempre y se volvió todavía más importante en los momentos más difíciles que he vivido. 

S: Cuando miras hacia adelante, ¿qué sueño tienes para las mujeres, las familias y las nuevas generaciones de Oaxaca? 

MB: Si algo deseo para Oaxaca es que nuestros hijos crezcan creyendo que sus sueños no tienen límites. Que una niña de cualquier comunidad sepa que puede llegar a donde quiera llegar sin que su origen, su género o las circunstancias definan su destino. Yo sigo creyendo profundamente en el poder de la educación, del esfuerzo y del servicio. Oaxaca me ha dado mucho más de lo que yo podría devolverle, y dedicar mi vida a servirle, es mi manera de agradecerle. 

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