Leonel Leyva: Esculpiendo el espacio y la materia 

Hay artistas que llegan al arte desde la intuición y otros desde la técnica. En el caso de Leonel Leyva, ambas cosas han convivido desde el principio. Arquitecto de formación, escultor por necesidad creativa y observador permanente de la condición humana, su trabajo se mueve entre la escala íntima de un objeto y la dimensión monumental de un espacio. 

Desde Oaxaca, una tierra donde la materia, la tradición y el paisaje tienen una presencia imposible de ignorar, Leyva desarrolla una práctica que explora el tiempo, la transformación y la relación entre las personas y los lugares que habitan. 

S: Antes de hablar de tu trabajo, ¿quién es Leonel Leyva cuando no está diseñando o esculpiendo? 

LL: Soy alguien profundamente curioso. Me interesa observar cómo viven las personas, cómo se relacionan con los espacios y cómo ciertos objetos terminan formando parte de nuestra memoria. Gran parte de mi trabajo nace de esa observación cotidiana. 

S: Eres arquitecto, escultor y artista visual. ¿Hubo un momento en el que entendiste que ese camino era inevitable? 

LL: Más que una decisión puntual, fue algo que se fue revelando con el tiempo. Desde niño dibujaba constantemente y tenía una fascinación por las formas, las estructuras y el cuerpo humano. Con los años entendí que no me interesaba únicamente construir edificios o producir objetos; me interesaba generar experiencias. 

S: Tu formación es arquitectónica, pero tu trabajo artístico tiene una fuerte carga emocional. ¿Cómo dialogan esos dos mundos? 

LL: La arquitectura me enseñó a pensar en la escala, en la proporción y en la manera en que las personas recorren un espacio. El arte me permitió explorar preguntas más abiertas. Cuando trabajo, no veo una separación clara entre ambos. En los dos casos me interesa provocar una experiencia que permanezca en quien la vive. 

S: ¿Te consideras más arquitecto o más artista? 

LL: Nunca he entendido esa necesidad de elegir. La arquitectura me enseñó a pensar en grande; el arte me enseñó a hacer preguntas. Mi trabajo existe justamente en ese punto intermedio. 

S: Tus esculturas parecen preocuparse más por las emociones que por la representación literal. ¿Qué buscas cuando comienzas una pieza? 

LL: Generalmente empiezo con una pregunta, no con una forma. Me interesa explorar temas como el tiempo, la transformación, la fragilidad o la permanencia. La forma aparece después, casi como una consecuencia natural de esa búsqueda. 

S: Muchos artistas hablan de inspiración. Tú pareces hablar más de observación. 

LL: Porque la inspiración es impredecible. La observación, en cambio, es una práctica diaria. Las conversaciones, los viajes, la arquitectura, el paisaje o incluso los silencios pueden convertirse en el punto de partida de una obra. 

S: ¿Qué papel juega Oaxaca dentro de tu lenguaje visual? 

LL: Un papel enorme. Oaxaca tiene una relación muy particular con la materia y con el tiempo. Está presente en los colores, en las texturas, en la manera en que la naturaleza convive con la arquitectura y también en la profundidad simbólica de muchas tradiciones. Aunque mi trabajo no pretende representar Oaxaca de manera literal, inevitablemente está impregnado de ella. 

S: Vivimos en una época saturada de imágenes. ¿Cómo construyes una voz propia dentro de ese ruido? 

LL: Intentando ser honesto con mis crecías. Creo que una voz propia aparece cuando dejas de perseguir tendencias y comienzas a profundizar en las preguntas que realmente te importan. Eso toma tiempo, pero también es lo que vuelve un trabajo más auténtico. 

S: ¿Qué te interesa más: la belleza o el significado? 

LL: Me interesan ambas cosas. La belleza puede ser la puerta de entrada, pero el significado es lo que hace que alguien regrese una segunda vez. Las obras que más admiro suelen tener esa doble capacidad. 

S: ¿Hay alguna escala que todavía te intrigue explorar? 

LL: Definitivamente la monumental. Me interesa llevar algunas de mis ideas al espacio público, trabajar con intervenciones de gran formato y desarrollar proyectos donde la escultura, la arquitectura y el paisaje puedan convivir. 

S: ¿Qué te gustaría que sintiera alguien al encontrarse con una de tus piezas? 

LL: Curiosidad. Que se detenga unos segundos más de lo habitual. Que la obra le permita hacerse una pregunta o mirar algo desde otra perspectiva. Si eso ocurre, ya existe una conversación. 

S: ¿Qué sigue para Leonel Leyva? 

LL: Seguir explorando. Llevar el trabajo a nuevas escalas, colaborar con proyectos arquitectónicos, hoteles, espacios públicos y colecciones privadas. Más que perseguir una meta específica, me interesa que cada proyecto represente una evolución respecto al anterior y deje una huella que trascienda. 

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