Por: Elizabeth Castro
Todo fue una simulación: la presunta carta que Sheinbaum habría recibido del Senado, la reunión encabezada por Adán Augusto, la justificación no pedida sobre la separación del cargo de Gertz Manero. La última semana de noviembre vino acompañada de un viraje perfectamente calculado en el gobierno federal. Para sorpresa de nadie, la presidenta colocó a una de sus colaboradoras más cercanas al frente de la Fiscalía General de la República.
En una maniobra digna de un teatro mal montado, Ernestina Godoy asumió la titularidad de la institución apenas unas horas después de que el ahora próximo embajador anunciara que había recibido un ofrecimiento de Claudia Sheinbaum y que se separaría del cargo para el que había sido designado en el sexenio de Andrés Manuel López Obrador.
Pero ¿qué ocurrió realmente? El cambio no fue abrupto, sino la culminación de una estrategia de aseguramiento político. Sheinbaum consolidó su influencia sobre la entidad encargada de la persecución penal en el país, sin reparar en la autonomía institucional. Colocó a una figura cuya lealtad es incuestionable, y que, es posible inferir, seguirá con disciplina las directrices del Ejecutivo, se alineará a la estrategia de seguridad encabezada por Omar García Harfuch y perseguirá a quien deba perseguir.
La lógica es sencilla: de poco sirve que el zar de la seguridad presuma detenciones y operativos si la Fiscalía no tiene la capacidad —ni la voluntad— de sostener los casos ante los tribunales. De nada valen las conferencias matutinas si no se traducen en acciones concretas que permitan construir la narrativa de que la estrategia de seguridad funciona.
La mancuerna Harfuch–Godoy quedó evidenciada desde los primeros movimientos que la próxima fiscal —si es que no nos equivocamos— realizó al asumir el despacho. En cuestión de horas, posiciones clave como la Fiscalía Especializada en Materia de Delincuencia Organizada y la Agencia de Investigación Criminal fueron ocupadas por perfiles cercanos al Secretario de Seguridad.
Por si quedaban dudas, días después Harfuch declaró: “Con la reestructuración que la licenciada Ernestina Godoy está comenzando a hacer, pues esperamos todavía una mejor coordinación”. Con esa frase, el secretario reafirmó lo que ya era evidente: el movimiento no fue casualidad, sino una pieza más en un diseño político cuidadosamente ensamblado.
Al cierre de esta edición, y con la inscripción de 43 aspirantes a dirigir la Fiscalía General de la República, la sesión del Senado para elegir a la nueva o nuevo fiscal es poco más que un trámite. La presidenta ya declaró que la salida de Gertz fue producto de un acuerdo conjunto: él obtuvo una embajada; ella, el control del órgano autónomo. Todos ganan… todos ellos.
¡Felices fiestas! 2026 será un año interesante.
- Elizabeth Castro
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