(951) 188 07 77    |   Oaxaca de Juárez, Oax. Dom, 05 de Dic de 2021

HABLEMOS
DE NIÑOS Y LÍMITES

Rosa Ma. Ortíz Prado

 

En este mes del niño, me gustaría que platicáramos sobre un tema del que probablemente han escuchado mucho, ya que el término “límites” se usa a diestra y siniestra, no sólo por profesionales sino también por madres, padres y maestros: “no le ponen límites en casa”, “ese niño no respeta los límites”, etc. Sin embargo, pocas personas se han dado a la tarea de investigar antes de usar o recomendar algo con este término, así que en pro de la salud mental familiar y de nuestros niños, los invito a seguir leyendo.

 

En términos generales, “límite” se le llama a cualquier tipo de restricción, social, física o legal, que se le imponga a alguien o a la sociedad en su conjunto. En psicología, un límite será un mecanismo psicológico y pedagógico a través del cual se propone imponer lineamientos a un ser humano para no incurrir en conductas que puedan dañar a otros o a sí mismo; o bien, inhibir conductas disruptivas o no aceptables.

 

¿Y qué pasa si los niños o adolescentes no tienen límites?

 

Es entonces cuando nos enfrentaremos en casa, en la escuela o en otros contextos a conductas que a veces sentimos que no podemos manejar, como gritar, pelear, golpear o no escuchar indicaciones; inclusive, podemos observar que los menores que no tienen límites, a veces presentan ansiedad, ya que puede existir un sentimiento de abandono o de inseguridad.

 

El estilo de vida que a veces adoptamos, a veces puede chocar con nuestros ideales de crianza o los ideales sociales sobre cómo se debe vivir la paternidad y la maternidad. Muchos padres y madres que trabajan y pasan poco o casi nada de tiempo con sus hijos, a veces pueden tener problemas al establecer límites sanos; esto es una consecuencia de sentir culpa por el tiempo que no se pasa con ellos.

 

Recordemos que cada familia es diferente y cada niño, padre o madre, también. Tratemos de alinear nuestro plan de vida con nuestras creencias personales, así como nuestras expectativas de vida y, preguntémonos, qué tipo de padre quiero y puedo ser en este momento.

 

Los límites ayudarán a los niños dándoles seguridad, tranquilidad y evitando que se pierdan en su comportamiento. Con los límites también se les muestra referencias estables y constantes sobre su conducta; los ayuda a regular sus ritmos de sueño, de alimentación y mantener biorritmos adecuados. Así también, facilitan el autocontrol emocional, expresando sus necesidades y aumentando la capacidad de frustración.

 

Te dejo algunas recomendaciones importantes para que pongas límites sanos, respetuosos y amorosos a tus hijos:

 

SÉ CONGRUENTE: No podemos decirle a un niño que no se grita para pedir las cosas cuando nosotros se lo estamos exigiendo a voces. Si intentamos que se habitúe a unos horarios, no podemos saltárnoslos con cualquier pretexto. Con el paso del tiempo esos horarios pueden cambiar y adaptarse de nuevo.

 

SÉ FIRME: Si en un momento determinado al niño se le ha retirado el uso de un juguete hasta mañana, no podemos dárselo de nuevo porque nos intente convencer de sus buenas acciones. Podemos decirle “Entiendo que quieras tu juguete y ya sabes que mañana mamá te lo dará encantada, pero hoy no puede ser porque has hecho….”

 

EXPLICA: Diles lo que deben o no hacer, hazlo de una forma positiva e intentando razonar con ellos el motivo por el cual se adoptan unas medidas determinadas. Dependiendo de la edad del niño, las explicaciones han de ser más o menos complejas. La explicación que le demos a un niño de 2 años, nunca será la misma que a un niño de 8 años.

 

TÚ ERES EL ADULTO, DEJÉMOSLES SER NIÑOS: No podemos ser tajantes y esperar que un niño se comporte como un adulto. Por ejemplo, un niño que arrastra un mantel para conseguir acercar un objeto, está aprendiendo una habilidad nueva. Si existe peligro para el niño, debemos decirle “no”, pero no podemos esperar que se comporte como un adulto. Él sólo está practicando. No debemos coartarle su naturaleza exploratoria.

 

DÉJALE EXPLORAR: Los límites que les pongamos no deben ser derivados de nuestra comodidad o miedos. No debemos prohibirle a un niño bajar por un tobogán sólo porque a nosotros nos da miedo; si la situación puede ser un poco difícil, mejor ayúdale a bajar por él.

 

SÉ POSITIVO EN TU LENGUAJE: Debemos enseñar al niño a que, hacer algo mal, no significa ser malos. Ha de saber que, por encima de todo, sus padres le quieren y le están aconsejando y orientando. Por ejemplo, no debemos decirle: “eres muy malo con mamá”, sino: “hoy te has portado mal en el supermercado”.

 

SÉ CLARO: Si le decimos a un niño “hoy quiero que te portes bien en el supermercado” no sabrá exactamente qué se pide de él. Sin embargo, si le decimos “cuando vayamos a la tienda quiero que no te sueltes de mi mano y que no corras por los pasillos” es más fácil para él.

 

RECONOCE Y TRABAJA TUS EMOCIONES: Controlar nuestras propias emociones antes de hablar con el niño, si estamos muy enfadados, quizás nos saltemos muchas de las premisas que hemos expuesto en los apartados anteriores.

 

Espero que la lectura de este mes te ayude a tener una mejor convivencia, comunicación y relación más sana con tu hijo.

 

¡Gracias por acompañarme!

 

kid

Categories: Salud
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