Entre el norte y el sur: la perlita azulgris 

Por: Romina Silva  

¿Alguna vez te has detenido a observar a las aves con las que compartes Oaxaca? Tal vez has notado que algunas sólo están aquí por unos meses y de pronto, desaparecen. No es casualidad: muchas de ellas recorren miles de kilómetros cada año, viajando entre distintos países en busca de mejores condiciones para sobrevivir. 

Si alguna vez has visto un ave pequeña, inquieta y de tonos azul grisáceos moviéndose entre los árboles durante el invierno, es posible que hayas observado a una de las especies migratorias que forman parte de los ecosistemas oaxaqueños durante esta temporada. Algunas de las aves que llegan a Oaxaca en estos meses nacieron y se reproducen en regiones tan lejanas como el norte de Estados Unidos o Canadá. 

Una de estas aves es Polioptila caerulea, la pequeña perlita azulgris: un ave muy activa que, a pesar de su tamaño, realiza largas migraciones cada año. Durante la temporada reproductiva habita regiones del norte de América, desde Estados Unidos hasta el sur de Canadá, donde construye sus nidos y cría a sus polluelos. Sin embargo, cuando el invierno se aproxima y las temperaturas descienden, esta especie emprende un viaje hacia el sur, llegando a México y particularmente a Oaxaca, donde encuentra alimento abundante y un clima más cálido. 

Durante el invierno, la perlita azulgris puede observarse en distintos ambientes de Oaxaca, como matorrales, bordes de bosque y zonas arboladas, donde se mueve de forma inquieta entre ramas y hojas en busca de insectos. Su pequeño tamaño contrasta con su actividad constante: rara vez permanece quieta y suele emitir llamados suaves mientras explora su entorno. Aunque no se reproduce en esta región, su presencia no es casual ni pasajera; aunque sea por unos meses, Oaxaca es parte esencial de su ciclo de vida. 

Más que simples aves de paso, especies migratorias como la perlita azulgris, son habitantes estacionales de los ecosistemas que las sostienen. Aquí encuentran alimento, refugio y las condiciones necesarias para sobrevivir al invierno y, al hacerlo, contribuyen al equilibrio ecológico al regular poblaciones de insectos y formar parte de las redes tróficas locales. 

La perlita azulgris nos recuerda que los paisajes de Oaxaca no sólo sostienen a las especies que nacen aquí, sino también a aquellas que llegan desde lejos y encuentran en este territorio un hogar temporal. Reconocer a esta ave y a otras especies migratorias como parte de nuestros ecosistemas, implica asumir una responsabilidad compartida. 

Cuidar los bosques, matorrales y áreas verdes de Oaxaca no sólo beneficia a la vida local, sino que también contribuye a la supervivencia de especies que conectan nuestro territorio con regiones lejanas como el norte de América. En ese ir y venir silencioso, la perlita azulgris nos recuerda que la naturaleza no entiende de fronteras y que es posible llamar hogar a más de un lugar. 

  • Romina Silva Espejo

Instagram: @romissilva

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