Por: Ramon Velásquez Chagoya
Después de la Guelaguetza, hay preguntas que llegan justo cuando termina la fiesta. Al concluir el último son, el último aplauso y la última delegación que desciende del Cerro del Fortín, Oaxaca recupera su ritmo cotidiano. Los visitantes regresan a casa y quienes vivimos aquí volvemos a nuestra realidad. Es entonces cuando la Guelaguetza deja de ser un evento para convertirse en una reflexión.
En la primera función de este año, la Diosa Centéotl nos invitó a volver a la raíz. Y esa palabra merece detenernos un momento. La raíz no es solamente el lugar donde nacimos, es esa voz que nos enseñó a amar Oaxaca, la de nuestros abuelos, padres, maestros o de cualquier persona que nos mostró de dónde venimos, quiénes somos y hacia dónde queremos ir. Pero toda raíz implica una responsabilidad. Quien ama profundamente su tierra, también es capaz de reconocer aquello que aún necesita cambiar.
Durante estas semanas volvimos a sentir el orgullo de pertenecer a un estado admirado por el mundo. Confirmamos que Oaxaca es identidad, diversidad y hospitalidad; sin embargo, detrás de cada traje bordado existen manos que trabajan durante meses; detrás de nuestras tradiciones hay comunidades que aún enfrentan pobreza, desigualdad y enormes desafíos. Aceptar esa realidad no significa querer menos a Oaxaca, significa quererla lo suficiente para no conformarnos.
La grandeza de un pueblo no se mide sólo por la belleza de sus fiestas, sino por la forma en que vive el resto del año. El mayor homenaje a nuestras raíces no es vestir ropa regional durante la Guelaguetza, es cumplir la palabra, respetar a los demás, resolver los conflictos con diálogo, educar con el ejemplo y hacer lo correcto, incluso cuando nadie nos obliga. El mejor Oaxaca no será aquel donde existan más leyes, sino aquel donde los valores aprendidos en casa sean tan fuertes que la ley únicamente recuerde lo que ya vivimos por convicción.
Desde nuestra labor jurídica aprendemos que muchos conflictos familiares, patrimoniales y empresariales pudieron evitarse con prevención. Un acuerdo claro, un testamento o una escritura regularizada representan mucho más que documentos: son decisiones que brindan tranquilidad.
Prevenir también es una forma de amar. Si hoy tienes esta revista entre tus manos, recuerda que Oaxaca no termina cuando concluye la Guelaguetza, Oaxaca comienza cada mañana, en la forma en que saludamos, respetamos a los demás y construimos comunidad.
Las raíces no existen para mirar hacia atrás, existen para impedir que olvidemos hacia dónde debemos crecer. En septiembre estaremos recorriendo distintos espacios públicos para compartir orientación jurídica preventiva de manera gratuita. Si nos encuentras en el camino, acércate a saludarnos.
Porque la mejor manera de honrar nuestras raíces no es recordarlas una vez al año, sino construir todos los días el Oaxaca en el que decidimos vivir.
- Ramón Velásquez Chagoya
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