Por: Alejandro L. Cruz Macías, Presidente de la COPARMEX Oaxaca En Oaxaca, una niña de 12 años puede preguntarle a su abuelo: “¿Por qué aquí cuesta tanto abrir un negocio?” Y él responde: “Porque no siempre depende de las ganas, sino del camino”. Ahí empieza la competitividad: en qué tan fácil —o difícil— es estudiar, trabajar, emprender y vivir con tranquilidad. Competitividad no es una palabra para expertos. Se siente cuando un trámite tarda días y no meses; cuando un empleo alcanza para vivir sin “dobletear”; cuando puedes ir al médico sin perder el ingreso del día; cuando una tienda abre sin tener que “arreglarse” con nadie. Y aquí viene la parte incómoda (pero necesaria): si normalizamos los obstáculos, los obstáculos se vuelven costumbre. Y cuando algo injusto se vuelve costumbre, deja de indignarnos. ¿Cuántas veces hemos escuchado “así es aquí” como excusa para no cambiar? Al cierre de 2025, México enfrentó un reto doble: crecer poco y seguir pagando caro. El PIB creció 0.7% en 2025 y la inflación anual cerró diciembre de 2025 en 3.69%. Al mismo tiempo, la informalidad laboral rondó 54.6% al cierre del año: más de la mitad de las personas trabajan sin seguridad social ni estabilidad. La desocupación fue baja (2.6% en octubre), pero eso no siempre significa bienestar: puedes tener trabajo… y aun así vivir al día. En Oaxaca el diagnóstico es más exigente. El Índice de Competitividad Estatal del IMCO ubicó a nuestro estado en el lugar 30 de 32 (ICE 2025). No es una etiqueta para resignarnos; es una señal para actuar. Porque cuando un estado no retiene talento ni atrae inversión, no solo “pierden las empresas”: pierde el joven que no encuentra empleo formal, la familia que depende del ingreso diario y la comunidad que se queda sin oportunidades. El Plan México busca aprovechar el nearshoring. La oportunidad existe, pero no llega sola. México ¿cómo vamos? reportó que la inversión bajó de 24.8% del PIB (3T2024) a 22.0% (3T2025). Y en 2025 se generaron 278,697 empleos formales registrados en el IMSS: por debajo de lo que se requiere para absorber a quienes se incorporan cada año al mercado laboral. Cuando la inversión baja, el empleo de calidad se vuelve escaso; y la informalidad se vuelve la salida más rápida, aunque sea