Ángeles Castro, MxU Oaxaca 2019

¿Qué es ser mujer en nuestra sociedad? Somos mujeres. Nada más. Mujeres que buscamos ser tratadas con justicia, con equidad, como personas, como seres que tienen el potencial de sentir y razonar por igual. No merecemos vivir encerradas bajo estereotipos sociales, sabemos que existen pautas y reglas, y aunque estas últimas no siempre se justifican, exigimos respuestas.

“Pero mi mamá, una mujer de una comunidad indígena que no había terminado ni la educación secundaria, que no sabe ni escribir, me sorprendió. Me levantó la cabeza y me dijo viéndome a los ojos: “Todas cogemos. Tu prima coge, tu hermana coge y yo también. La diferencia es que a ti te ven coger. Eso no te hace una mala persona o una delincuente”. (Corral M. O., 2019)

Olympia, una chica que, a la corta edad de 18 años, fue víctima de la violación a su privacidad cuando un video con contenido sexual fue expuesto sin su consentimiento y, este pequeño diálogo, es un claro ejemplo de sororidad. Grandes, valientes y poderosas mujeres crían a grandes mujeres, tal como me crio mi mamá y consecuentemente, como criaré a mi hija y como sé que mi abuela crio a mi mamá y a mis tías; el papel tan importante que tienen las mujeres en una sociedad, es equiparable con el de un gran líder, teniendo la responsabilidad de criar, administrar y evaluar la situación que lo rodea, esto bajo el ejemplo de la mamá de Olympia.

El valor de una mujer, radica en su poder físico, mental e intelectual en cualquier actividad, desde el atractivo de la naturaleza para ser madre, hasta el cargo administrativo más alto de cualquier organización. Su valor, radica en respetar a las personas y su entorno; respetarse a sí misma, a su cuerpo, sus ideales y pensamientos. La mujer, con mucho esfuerzo, ha ido conquistando espacios y derechos, luchando por vencer tantos estereotipos, ideas machistas arraigadas por siglos y toda clase de injusticias que aún se siguen cometiendo.

Ser mujer en pleno siglo XXI implica una responsabilidad con nosotras mismas, aquella lucha interminable por lograr la igualdad entre géneros, la constante discriminación y violencia de la que somos víctimas pero, al mismo tiempo, implica nuestro rol como madre, amiga, esposa, hija, trabajadora y sobre todo, el sostén emocional de la familia, porque somos alegría, paz, cobijo, sonrisas, abrazos, palabras de aliento, somos el motor de un país por salir adelante, somos la expresión gráfica de poder.

A lo largo de muchísimos años, las mujeres han propiciado grandes cambios e hitos históricos en la sociedad, uno de ellos se produjo en 1789 durante la Revolución Francesa, cuando por primera vez entre gritos de “libertad, igualdad y fraternidad” exigimos el derecho al voto. En 1866, las mujeres logran otro triunfo, cuando el Primer Congreso de la Asociación Internacional de Trabajadores aprobó una resolución relativa al trabajo profesional de la mujer, lo que desafiaba abiertamente la tradición de que el lugar de las mujeres era el hogar. Todo esto ha propiciado el mejoramiento en las condiciones de vida, gracias a los diversos acuerdos internacionales y al seguimiento de dichos compromisos por parte de los Estados.

En nuestro país hemos sido testigos de enormes movilizaciones que han tenido la finalidad de exigir justicia por todas las desatenciones del gobierno, por todos los abusos, pero, sobre todo, por la falta de reconocimiento del valor que tenemos como mujeres. Según datos arrojados por el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP), durante enero, al menos 320 mujeres fueron asesinadas en México, es decir diez casos por día. Estas estadísticas provocan una vorágine de sentimientos que engloban la tristeza, la rabia, el dolor, la pesadumbre… sin embargo, gracias a dichos movimientos, la sociedad ha podido ser sabedora de todo lo que acontece en un día normal y, muy por crear miedo, incertidumbre e inseguridad, manifiesta la oportunidad de poder hacer un mejor mañana, de educar con sabiduría, con respeto y responsabilidad. Y esos son los logros que hemos construido y, aunque es cierto que aún falta mucho por hacer, un ejemplo específico es la labor de la mujer en el medio rural, ya que, dadas sus condiciones culturales, de salud, pobreza y rezago educativo, son más vulnerables.

Sin embargo, las historias no siempre contienen mensajes negativos, dentro de la comunidad. las mujeres están conscientes de su importancia, “las mujeres tienen el primer lugar, según los ideales de la sociedad, pues tú tienes el mando, la voz y la decisión, saber si quieres una sociedad que tenga buenos o malos sentimientos, y el tipo de valores que predominarán” (López A. V., 2020).

Existen muchos ejemplos que reflejan este mismo testimonio, tal es el caso de Yalitza Aparicio que, pese a los obstáculos, a las condiciones en las que se crio, y al hecho de ser una mujer indígena, ha logrado demostrar que siempre se puede y que no hay mayor obstáculo que el “no puedo”; ella, así como muchas otras mujeres han logrado levantar la voz, han dicho “basta” a la desigualdad, a la violencia.

Y concluyó citando a Indira Gandhi “Para liberarse, la mujer debe sentirse libre, no para rivalizar con los hombres, sino libres en sus capacidades y personalidad”.

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