Maru Pombo ¡Atrévete, y ya! 

Economista de formación, empresaria del sector turístico, artista plástica, gestora cultural y activista social, María Eugenia Pombo Calvo ha construido una trayectoria en la que el arte, la inclusión y el servicio a los demás se entrelazan de manera natural. Desde hace más de dos décadas, su trabajo al frente de la Fundación SONRYEE, A.C., así como su participación en proyectos culturales, sociales y políticos, ha estado marcado por una convicción: transformar las experiencias de vida en acciones capaces de generar un impacto positivo. 

En esta conversación con Socialmente, Maru habla desde una faceta mucho más personal; comparte los retos que han definido su historia, lo que ha aprendido de sus hijos, su lucha por una verdadera inclusión de las personas con discapacidad, su relación con el arte y su visión sobre la participación social y política.  

Sergio Bello: Empresaria, artista, gestora cultural, madre y activista social. Pero dejando por un momento todos esos títulos a un lado, ¿quién es Maru Pombo hoy? ¿Cómo te definirías en este momento? 

Maru Pombo: Pues sí, bien lo dices, pero, sobre todo, soy un ser humano. Soy una mujer, con los pies sobre la tierra, esposa, y agradecida con Dios por haberme dado la oportunidad de conocer a tanta gente. Siempre pueden contar conmigo. 

Hoy por hoy, nada me detiene. Digo lo que pienso, hago lo que me gusta y siempre voy hacia adelante. Mi camino es seguir avanzando, con una actitud de ver el vaso medio lleno. A las cosas siempre les encuentro el lado bueno, aunque parezcan un infortunio o un tropiezo, para mí siempre representan una enseñanza. Hoy soy una persona con libertad de pensamiento y de actitud, simplemente soy Maru Pombo: una persona íntegra y de buen corazón. 

SB: ¿Hay alguna experiencia que haya cambiado tu manera de entender la vida? 

MP: En toda mi vida he tenido situaciones muy importantes. Cuando ya era adulta supe que la persona que yo consideraba mi mamá en realidad era mi abuela. En ese momento fue un impacto muy fuerte, me pregunté de dónde venía y muchas cosas comenzaron a tener sentido.  

Desde muy pequeña fui una mujer autosuficiente y muy madura. Adoraba a mi mamá, a mi hermana y a mis abuelos. No sabía quién era mi padre, pero poco a poco fui entendiendo esa parte de mi historia. Lejos de juzgar a mis ancestros, decidí comprenderlos; creo que soy el resultado de muchas características de cada uno de ellos. Siempre he procurado quedarme con lo bueno y dejar de lado aquello que no aporta; todo eso me ayudó a salir adelante y a decirme: «Esto no me va a detener; hay que aprovechar todo lo que la vida nos da». 

SB: ¿Cuál es el momento en el que existe una Maru Pombo antes y una después? 

MP: Estudié Economía y, como cualquier joven, sentía que todas las puertas estaban abiertas para desarrollarme profesionalmente; después me casé muy joven, tras casi cinco años de noviazgo, construimos una vida juntos y, al año, nació nuestro primer hijo. Fue una situación muy difícil porque nació con condiciones muy especiales y prácticamente no tenía expectativas de vida; en ese momento tuve que dejar todo aquello para lo que me había preparado profesionalmente y dedicarme por completo a sacar adelante a mi hijo.  

Sin duda, esa fue la experiencia que cambió mi vida. Todo lo que había imaginado tomó un rumbo completamente distinto. Hay que estar preparados para lo que la vida nos depare. 

MP: En tu podcast ¡Atrévete, y ya! hablas de transformar las dificultades en posibilidades. ¿En algún momento pensaste: “O me quedo aquí o me atrevo a seguir adelante»? 

MP: Realmente toda mi vida ha sido así, llena de caminos en los que hay que elegir. Uno cree que tiene claro lo que hará con todo lo que aprendió, pero la vida termina poniéndote otros caminos. 

Cuando mi hijo falleció, fue un momento que marcó profundamente mi vida. Pude haberme quedado en la tristeza o en la amargura, pero entendí que era su tiempo; comprendí que tanto él como mi hija han sido maestros de vida. Siento que mi misión era salir adelante gracias a todo lo que ellos me enseñaron porque me enseñaron a ser una mejor persona, a ser más empática y a entender que si ellos podían enfrentar tantas dificultades, yo también tenía que seguir adelante. 

SB: ¿Cómo has logrado conciliar esa parte racional de economista y empresaria con tu lado creativo y sensible del arte?  

MP: En realidad, una cosa no está peleada con la otra. Las matemáticas son parte de mi formación; desde muy pequeña aprendí a trabajar con los números, a administrar una empresa y a llevar el día a día de un negocio. La parte artística la traigo desde muy pequeña. Mi abuelo era contador y tocaba la guitarra; mi mamá tenía una gran sensibilidad por la música y las artes plásticas, me compraba cuadernos, materiales para dibujar y siempre me motivaba, aun cuando yo todavía no sabía toda la historia de mi familia. Aprendí a dibujar desde muy pequeña. 

Más adelante, cuando trabajé en proyectos de carpintería con una asociación japonesa que apoyaba comunidades marginadas, entendí que no bastaba con tener creatividad, había que hacer planos, tomar medidas y elaborar proyectos bien estructurados. Entonces retomé todo lo que había aprendido en dibujo técnico. Aunque la carpintería no me costaba trabajo, entendí que debía prepararme mejor en pintura y dibujo. 

SB: ¿Qué parte de aquella niña que dibujaba, observaba y aprendía de su familia sigue viviendo en la mujer que eres hoy? 

MP:  Creo que prácticamente todo. Me encanta convivir con los niños. Siempre busco enseñarles algo o responder sus preguntas. Soy muy feliz estando con ellos porque son completamente auténticos. Algunos son más observadores que otros, pero todos tienen una forma muy especial de ver el mundo. También sigo bailando y, gracias a mi hija aprendí una forma distinta de comunicarme, completamente kinestésica; es un lenguaje que muchas veces no necesita palabras. Es lenguaje corporal. 

SB: He visto que muchas de tus experiencias personales terminaron convirtiéndose en aprendizajes que podían servirles a otras personas. ¿En qué momento comprendiste que contar tu vulnerabilidad también puede convertirse en una manera de ayudar? 

MP: Con el paso del tiempo empecé a platicar con muchas personas. A veces ni siquiera las conocía y, sin embargo, ellas ya sabían parte de mi historia. Me decían: «Con todo lo que has vivido, ¿cómo le haces para seguir adelante?» 

Yo siempre he sentido que mi vida es normal, que así me tocó vivirla y que para mí es algo cotidiano. Pero fueron tantas las personas que comenzaron a acercarse y a decirme eso, que incluso muchas me preguntaban: «¿Por qué no escribes un libro sobre tu historia y tu vida?». Al principio pensé: «¿A quién le puede interesar?» Porque para mí era algo normal. Sin embargo, me di cuenta de que hay personas, incluso mucho más jóvenes que yo, que se quedan atoradas en sus problemas, que no encuentran trabajo, que sienten que no progresan o que ya no pueden seguir. 

SB: Si tuvieras que resumir en una sola palabra el mayor aprendizaje que recibiste de tus hijos, ¿cuál sería? 

MP: Fortaleza. Si mis hijos pudieron, si mi hija pudo, entonces yo también tengo que poder. 

Soy una persona positiva; a pesar de todo siempre busco resolver los problemas. No existen puertas completamente cerradas, siempre digo que, cuando una puerta se cierra, Dios abre otra. 

SB: ¿Consideras que, si realmente se aplicaran las leyes en México, podría mejorar la vida de las personas con discapacidad? 

MP: Exactamente. Primero hay que hacer que las leyes se cumplan. Por ejemplo, si una persona ocupa indebidamente un lugar de estacionamiento destinado para personas con discapacidad, aquí en México normalmente no pasa nada. En otros países sí existen sanciones fuertes; así es como también se educa a la sociedad: aprendiendo que hay reglas y que deben respetarse. Mientras las leyes no se apliquen, será muy difícil avanzar. 

SB: Entonces, ¿qué es más importante: que un proyecto tenga éxito o que ayude a otras personas? 

MP: Las dos cosas tienen que ir de la mano. Si un proyecto no tiene éxito, difícilmente podrá generar un impacto duradero; por eso es necesario que funcione y que también permita ayudar a otras personas. 

Si hablamos de artistas con discapacidad, no basta con darles materiales o enseñarles una técnica, también hay que ayudarlos a comercializar su trabajo. Muchas veces no alcanza el tiempo para producir una obra y, además, encargarse de venderla.  

A mí misma me sucede. Estoy pintando y, al mismo tiempo, organizando exposiciones. Todo requiere tiempo y organización. Por eso hacen falta proyectos que también apoyen la difusión y promoción de los artistas. 

SB: Has comenzado a incursionar en la política y, tradicionalmente, suele percibirse como una actividad reservada para unos cuantos e incluso, más para los hombres que para las mujeres. ¿Realmente debe ser así? ¿La política es para todos? ¿Qué papel deberían asumir los jóvenes y las mujeres dentro de la vida política? 

MP: Es una pregunta muy interesante. La verdad es que yo nunca imaginé estar involucrada en la política, siempre la asociaba con algo negativo; incluso hoy tengo amigos jóvenes que dicen: «La política me da flojera». Es una palabra que muchas personas rechazan porque la relacionan con malas experiencias. Pero la mía ha sido diferente, me ha ayudado muchísimo a desarrollarme como persona. Muchas veces aceptamos situaciones simplemente porque desconocemos cuáles son nuestros derechos; además, la política ayuda a formar el carácter, te enseña a convivir con personas muy distintas, a dialogar, a mediar conflictos y a relacionarte con la sociedad.  

La política me permitió comprender más a las personas; al principio todo lo vivía con mucha intensidad, todo me afectaba, pero con el tiempo comprendí que así es la vida. Aprendes a fortalecer el carácter y a convivir incluso con personas que piensan distinto o que no necesariamente simpatizan contigo y eso, no debe hacerte daño. 

SB: Una frase frecuente de las nuevas generaciones es que los adultos les están dejando un mundo cada vez más complicado. ¿Qué les dirías a esos jóvenes? ¿Qué deberían hacer para mejorar la política y, en general, la sociedad? 

MP: Lo primero que les diría es que se preparen, que estudien, que se capaciten y que desarrollen habilidades, porque solamente así podrán hacer cosas buenas. Hace falta que cada vez más los jóvenes se comprometan. Es cierto que los adultos podemos dejar problemas o cometer errores, pero los jóvenes también tienen la responsabilidad de participar y de involucrarse. Es muy fácil criticar, pero si no participan, las cosas difícilmente cambiarán.  

Vivimos en una época donde la tecnología avanza todos los días. Si tienes un proyecto, un sueño o un plan de vida, debes comprometerte con él y trabajar todos los días para alcanzarlo. En mi caso, muchas veces me invitan a participar en algún proyecto y, aunque tenga poco tiempo, busco la manera de organizarme. Investigo, estudio, trabajo de noche o en los momentos libres y entrego lo que me corresponde. Creo que eso es algo que hace falta fortalecer en los jóvenes: el compromiso. 

SB: ¿Qué significó formar parte de Amor al Arte 2, una publicación de Editorial Valdés que reúne la obra y trayectoria de distintos artistas? 

MP: Actualmente, las redes sociales nos permiten mostrar nuestro trabajo y hacer que llegue a personas que quizá de otra manera nunca lo conocerían. En mi caso, fue a través de Instagram que recibí un mensaje de los responsables del proyecto invitándome a participar en el libro. 

Al principio no le di importancia; posteriormente volvieron a contactarme y me pidieron que enviara un portafolio con fotografías de mis obras para conocer y valorar mi trabajo artístico entonces, envié una selección con toda la información y el proceso comenzó aproximadamente hace dos años. Finalmente, mi trabajo quedó incluido dentro de la publicación. Recibir el libro y ver mi obra plasmada ahí fue algo que me dio muchísimo gusto y que considero muy significativo dentro de mi trayectoria. Le mando un fuerte abrazo al maestro Arturo Valdez, persona muy responsable y alguien a quien le tengo un gran aprecio. Gracias, porque mi trabajo continúa dejando huella, incluso fuera de Oaxaca.  

Esta publicación representa constancia, perseverancia y preparación; es una manera de confirmar que vale la pena seguir trabajando todos los días para hacer mejor lo que uno ama. Al final, cada obra también refleja todo lo que has vivido, lo que has construido y lo que has aprendido. 

SB ¿A qué invitarías a alguien a atreverse? 

MP: A hacer aquello que quiera hacer. Muchas veces aparece ese “impostor” dentro de nosotros que nos hace pensar demasiado en lo que van a decir los demás. Yo misma he vivido situaciones difíciles. Hace poco me caí mientras arreglaba un clóset y me fracturé una vértebra de la columna. Los médicos hablaban de la posibilidad de una cirugía, pero soy una persona de fe y en ese momento pedí mucho para poder salir adelante. Finalmente, cuando regresé con el especialista me dijo: “No sé qué hiciste, pero la vértebra ya pegó”. 

Por eso digo: Atrévete. Atrévete a estudiar inglés, ir al gimnasio, aunque te dé pena, a estudiar algo, aunque todos tus compañeros sean más jóvenes que tú. Yo toda mi vida he estado rodeada de jóvenes y nunca me ha dado pena aprender junto a ellos. La edad no debería detenerte. Tampoco el miedo al qué dirán. 

Muchas veces dejamos de hacer cosas pensando: “Mi papá no me apoyó”, “mi hermano es mejor que yo”, “mi hijo me critica”, “qué van a pensar de mí”. Hay que intentar dejar todo eso a un lado. Atrévete a hacer aquello que quieras hacer, siempre que sea algo bueno para ti y que pueda aportar algo positivo a los demás. 

Muchas gracias. Para mí ha sido un verdadero gusto y un honor poder compartir esta entrevista.  

FB: Maru Pombo 

IG: @oficialmarupombo 
Spotify: Maru Pombo ¡Atrévete y Ya!  

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