Por: Dra. Verónica Aguilar
Desde hace mucho tiempo se han buscado métodos para el moldeamiento corporal, buscando en ocasiones opciones rápidas y que no impliquen cirugía o anestesia. Esto ha llevado a producir una epidemia de magnitud desconocida que afecta ambos géneros, quienes con el afán de aumentar zonas del cuerpo o de la cara se someten a infiltraciones de “sustancias milagrosas” como vaselina, silicón líquido, aceite mineral o vegetal, parafina, metacrilato, guayacol, gel de poliacrilamida, entre otros.
Por temor, ignorancia o falta de recursos aún hoy en día existen personas (estilistas, cosmiatras, esteticistas y hasta médicos) que ofrecen y aplican estas sustancias altamente tóxicas e incluso mortales.
Se define como biopolímeros a diferentes sustancias que pueden ser derivados vegetales o sintéticos de petróleo. En general, son sustancias no reabsorbibles, es decir, el organismo es incapaz de degradarlas y, desafortunadamente, en la actualidad existen personas sin escrúpulos ni ética que aún siguen utilizándolos para aumento de volumen facial y/o corporal.
Este proceso inflamatorio lo manifiesta el paciente con dolor, enrojecimiento, aumento de volumen, aumento de la consistencia del tejido infiltrado y deformidades en la zona, además de síntomas generales como cansancio, irritabilidad, febrícula, así como presentación de alguno o varios procesos autoinmunes, como lupus, artritis reumatoide, esclerodermia, síntomas neurológicos e incluso, manifestaciones respiratorias por neumonitis intersticial, hepatitis, insuficiencia renal.
En ocasiones, estos cambios inflamatorios locales progresan a abscesos (acúmulos de material purulento) que pueden progresar a úlceras, los cuales son de muy difícil manejo y la mayor parte de las veces, casi imposibles de cerrar o reconstruir.
Los efectos a largo plazo son ocasionados porque el organismo detecta sustancias ajenas o extrañas a los tejidos propios del individuo, lo que ocasiona que inicie “una guerra” para eliminarlos, sin embargo, al ser un producto imposible de eliminar, esta “guerra” o combate del sistema inmune va en aumento, volviéndose cada vez más intensa y errática, terminando por atacar incluso, los tejidos no infiltrados como articulaciones (incluso alejadas de los sitios de infiltración), nervios, pulmones, hígado, riñones, etc.
Poco a poco el tejido infiltrado va siendo sustituido por quistes, muerte de tejido y aumento de bacterias. El tratamiento médico de estos pacientes es muy complejo además de costoso y con efectos colaterales, basándose principalmente en disminuir los síntomas y manifestaciones del descontrol autoinmune.
En general el manejo debe ser multidisciplinario: cirujano plástico, infectólogo y, de acuerdo con la presentación, reumatólogo, neurólogo o especialista relacionado con el órgano más afectado, además de acompañamiento psicológico y rehabilitación.
Son muy pocos los casos que son tributarios a retiro de la sustancia mediante cirugía, básicamente por tres razones:
1. La mezcla entre la sustancia modelante y el tejido del paciente es tan fuerte que no hay punto de separación, ocasionando la necesidad de mutilaciones o amputaciones.
2. Las heridas resultantes en ocasiones son muy difíciles de cerrar.
3. Cuando el material ha migrado es difícil predecir su nueva localización.
Como conclusión y recomendación sólo está la prevención; EVITAR recibir infiltraciones en cualquier parte del cuerpo de NO ESPECIALISTAS; y en caso de realizarse alguna infiltración, hacerlo en manos de profesionales y siempre corroborar que la sustancia que se va a infiltrar esté autorizada por la COFEPRIS o la FDA.
Recuerda que los efectos “favorables” de estas sustancias son efímeros y sus consecuencias para la salud, permanentes, poniendo en riesgo la vida.
- Verónica Belem Aguilar Aragón
Cirujana Plástica, Estética y Reconstructiva
Privada de Monte Albán No. 108, Col. Reforma, Oaxaca de Juárez.
Dra. Verónica Aguilar
55 16 52 35 33








