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Agar
García Arteaga

La pintora y ambientalista Agar (Ciudad de México 1955) y su compañero Leonardo da Jandra vivieron de 1979 hasta el 2006 en la costa oaxaqueña, en una playa solitaria de nombre Cacaluta en Huatulco. Son un ejemplo a seguir pues, además de legarnos su obra como artistas, lograron conservar 11,200 hectáreas de tierra y mar pues, gracias a sus esfuerzos, en 1998 se fundó el Parque Nacional Huatulco.

Realizaron el sueño que casi todos alguna vez hemos tenido: dejar las comodidades de la vida urbana e ir a vivir junto al mar para pintar y escribir. Y como su compañero se negó a tener hijos en la selva donde abundaban las serpientes, alacranes, avispas y todo tipo de alimañas, Agar enfocó su energía para conservar ese lugar paradisíaco.

No fueron pocos los obstáculos contra los que se enfrentaron estos dos personajes utópicos: intereses económicos, políticos, sociales, culturales. Organizaron seis semanas “Eculturísticas” (ecología, cultura y turismo) con intelectuales de todo el mundo, escritores, poetas, artistas plásticos, ambientalistas y periodistas, para lograr conservar este pedazo de naturaleza.

Cacaluta quiere decir lugar de pájaros negros en Náhuatl y era un lugar preciado por el caracol púrpura, que es un molusco del cual se extrae un tinte indeleble para teñir hilos que se utilizaban para tejer túnicas para los reyes y sacerdotes prehispánicos. Agar también los usó para pintar. Ha realizado un mural con ese tinte que se titula “El despertar de la conciencia”.

“Somos espíritus habitando cuerpos materiales y la manera de trascender es a través de acciones buenas, bellas y verdaderas, por eso ahora estoy pintando aves que son la representación de nuestras almas”. www.avispero.com.mx

Actualmente, esta pareja en la ciudad de Oaxaca tras haber sido expulsada de su paraíso por burócratas sin alma, por oponerse a la privatización del Parque Nacional Huatulco y están enfocados a realizar su labor “sociocéntrica” en las Jornadas vasconcelianas en escuelas rurales de Oaxaca, sembrando valores entre los jóvenes e incentivando la lectura.

“Unas palabras para ti, Agar, tienen que ser hermosas. Y aunque sólo hermosas las inspiras; para mí será un conflicto, un apurado trance buscarlas y lograrlas. Y en esas estoy, Agar, fiado en que las inspires y me las dictes.

Muchas cosas ocurren a mi memoria con sólo escribir con sólo escribir tu nombre: haberlo oído, enterarme de que eras pintora, que vivías en Oaxaca, en la cumbre de una montaña, desde donde otras lejanías azules que luego repercuten en tus cuadros: invadidos de luz, inasibles para otra paleta y pincel que no fueran los tuyos. Agar, yo sé dónde lo tomaste, pero ignoro cuál es su significado en ti, y a ratos me pregunto si no fue una mera invención ese nombre con que firmas tus cuadros, tu pintura. ¿Cómo a una criatura se le ocurrió tener a Oaxaca por su morada, si nada allí invita a la vida y sí a la muerte? Esas desoladas soledades, esos cielos y distancias que no dan punto donde detener los ojos, la mirada, no son a primera vista tierras para vivir. Pero tú las elegiste, con lo que se suavizaron y se redujo su natural agresión: las alusiones a los contornos oaxaqueños halagan los ojos, pacifican el ánimo, reducen la inseparable idea de espina y no de flor, propia de aquel país.

Porque la belleza, el espectáculo de la belleza, siempre redujo al silencio. Estas sílabas, Agar, que no palabras, son nada más la promesa de que las intentaré una nueva vez.”

Andrés Henestrosa

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